BALONCESTO

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domingo, 1 de diciembre de 2013

LOS PADRES EN EL DEPORTE

El padre fanático.
Es aquel que busca la victoria de su hijo por encima de todas las cosas. No respeta las decisiones de los árbitros y jueces, utiliza vocabulario hostil (incluso contra su propio hijo), siempre está protestando y ve con buenos ojos las trampas, los engaños o la violencia si ello conlleva la victoria.

El padre deportivamente frustrado.
Son padres que han querido destacar en un deporte y no lo han conseguido. Son deportistas frustrados. Suelen escoger para sus hijos la actividad en la que ellos han fracasado, sin tener en cuenta las preferencias de los niños. Los regalos e incentivos giran entorno a ese deporte, e invierten tiempo y dinero en formar al niño en una actividad que no siempre es de su agrado. Esta actitud suele provocar rechazo e incluso odio hacia el deporte preferido del padre, porque no siempre coincide con los gustos deportivos del hijo.

El padre entrenador.
Este perfil de padre, busca en su hijo un deportista de élite. Como norma general obvia el placer del juego por el entrenamiento duro. Este tipo de entrenamiento provoca riesgos fisiológicos y psicológicos ya que ni el organismo ni la mente de un niño están preparados para un sobreentrenamiento. También este tipo de padres suelen desatender los consejos de los entrenadores y maestros, ya que piensan que todo lo saben.

El padre representante.
La figura del manager llevada a la paternidad. En niños que presentan buenas cualidades físicas o deportivas, el padre ofrece “los derechos” deportivos de su hijo a un club o entidad deportiva. En definitiva, hacer negocio a cuenta del hijo. Incluso puede provocar un cambio de equipo del niño, sin tener en cuenta sus preferencias o su grupo de amigos, para fichar por un club que le promete dinero a medio o largo plazo.

El padre indiferente.
Se asocia a padres que le da igual que sus hijos practiquen deporte o no. Simplemente apuntan a los niños a un club deportivo… para que pasen tiempo entretenidos mientras ellos realizan otras actividades. La finalidad del tutor no es una formación integral y deportiva de su tutorando, sino tener tiempo libre a consta de una actividad deportiva (sin importarle nada más).

El padre sobre-protector.
Típico padre que prohíbe a su hijo realizar actividades físicas o deportivas porque son susceptibles de generar lesiones o golpes. Suelen preferir que su hijo juegue al baloncesto en la consola que en la cancha deportiva. Con esta actitud inhiben el derecho fundamental del niño de jugar, de relacionarse y de crecer en un ambiente social, colectivo y grupal.


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Blog sobre deporte y gestión

http://futuresport.wordpress.com/

El baloncesto debe recoger cuatro derechos. El derecho a jugar, el derecho a entrenar, el derecho a aprender y el derecho a competir.

Reflexiones sobre el baloncesto base. Artículo de Willy Tisaire (@willytisaire)

Lo primero que quiero dejar claro es que mi intención no es hablar desde ningún pulpito, ni dar lecciones a nadie, ni servir de ejemplo, ni conquistar almas. Tan sólo soy un viejo entrenador de base con casi 30 años de experiencia y muchas de las cosas que voy a comentar pasan en mi entorno más cercano y a pesar de mis ideas, a veces por cobardía, por no tener problemas o porque no tienes claras las soluciones no las afrontas plenamente.
En continuación con el artículo de la semana pasada observo que en los últimos años ha crecido la crispación en el baloncesto base. Evidentemente estamos a años luz del futbol donde contínuamente se producen incidentes que en baloncesto serían inimaginables. Creo que es obligación de todos preservar ese ambiente de paz y concordia como regla general, exceptuando los escasos casos que siempre han sucedido.Como todo en la vida nadie es inocente del todo ni hay un único culpable. No me gustaría demonizar a los padres, ni todos son iguales ni se comportan de la misma forma. Creo que se puede educar a los padres y donde no llega el diálogo, deben estar las normas.Ejerciendo una sana autocrítica, los coordinadores y entrenadores no asumimos la parte educacional de nuestro trabajo, el control de las emociones tanto de niños como padres, empezando porque a veces somos incapaces de controlar las propias. Debemos intervenir cuando los padres superan los límites de la educación deportiva y proponer un código de conducta que plantée derechos y obligaciones de padres, niños y entrenadores.A veces se produce un tsunami de conductas que empieza en el comportamiento excesivo o violento del entrenador y se transmite al jugador y a los padres. El entrenador de base no es sólo un enseñante del baloncesto, es un educador que debe preocuparse del niño de forma integral desde los estudios, la actitud de sus padres hacia el deporte y el comportamiento dentro y fuera de la cancha.Los padres no son público que pagan una entrada. En caso negativo son un arma de destrucción masiva de ilusiones. Cuando su ejemplo es positivo centuplica el buen trabajo de un formador.La actitud del entrenador hacia los árbitros también marcará mucho la actuación que los padres tendrán también hacia ellos. Cuando observo a esos jóvenes árbitros machacados por adultos hechos y derechos en mucho casos padres de hijos de parecida edad, además de sentir una vergüenza ajena incontenible, me pregunto dónde está nuestra empatía, en qué rincón de la subjetividad la perdimos, qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos, futuros padres. Por qué nos perdonamos tan fácil nuestros errores y somos intransigentes con los de los demás. También es cierto que hablo de una minoría que siempre puede a una mayoría silenciosa que calla por evitar situaciones desagradables.La actitud de los padres hacia el deporte de sus hijos es fundamental. Los ejemplos de la elite no son buenos, son excepciones, un Nadal, un Alonso, un Gasol es la suma de tantos componentes genéticos, familiares, sociales, culturales que su repetición es imposible. Ni me gustan los padres que traen tarde a sus hijos a los partidos o fallan al partido cuando hace frío o no les apetece ir, sin transmitir a sus hijos la palabra compromiso, como aquellos que se obsesionan con el partido, el resultado, el llevarle la bebida isotónica al banquillo, los minutos que juegan, se acercan al descanso a darles las últimas instrucciones a sus hijos, recriminan los fallos de los demás, censuran a los árbitros o eternizan de camino a casa las criticas a sus propios hijos.Por mi experiencia esos niños tan observados y presionados son carne de retirada en cuanto adquieran una cierta independencia emocional. Aquí también la actitud del entrenador y la información que filtra a los padres es fundamental. Debemos dejar claro con nuestros mensajes y nuestro comportamiento que el baloncesto es un complemento único para su formación. Pero sólo un complemento, un medio, no un fin. Una forma de desarrollarse físico, psíquica y socialmente, de aprender valores que en el aula no se enseñan. Hasta aquí todos los entrenadores tendrán una contractura de cuello de tanto afirmar mis palabras. Pero el problema es el tránsito de la palabra al hecho. Ahí se quedan las intenciones. La competición es la vida, pero según el sesgo ético que le demos se convierte en una fuente de enseñanzas o en una trituradora de principios. Os voy a hacer unas preguntas y sinceramente contestarlas, yo muchas veces he traicionado alguno de mis principios por ganar un partido y no estoy orgulloso por ello pero sí por reconocerlo. Al final os daréis cuenta que en cualquier decisión técnica o táctica en la base hay una postura ética previa.